martes, 5 de mayo de 2009

Capítulo 2

" Hijo mío,

No sé cómo empezar a contarte esto... pero me queda poco tiempo, y tengo que darme prisa. Tú conoces a Lord Ashton, y mi amistad con él. Su muerte fue para mí como si perdiera un hermano... incluso una parte de mi mismo. Pero la muerte nos lleva a todos, tarde o temprano.
Mientras él vivió, nuestras locuras de juventud, estuvieron a salvo. Una noche, borrachos  e imprudentes, hicimos una apuesta... una apuesta de juego, dónde, tras perder una fortuna a sus manos, aposté la casa, nuestra casa, hijo... y la perdí. Perdí nuestro patrimonio, Nathan... y me sentí desesperado. 
Debido a nuestra amistad, Lord Ashton se negó a hacerme pagar la apuesta, pero me sentí ultrajado en mi orgullo. Así que me ofreció un trato... y accedí.
El trato consistía en un plazo de diez años. Diez años para pagar esa apuesta...y  el día que yo muriera, todo pasaría a sus manos. A no se que tú ya le hubieras dado un heredero al título y a la propiedad. De ser así, él lo dejaría todo en manos del pequeño heredero... y todo seguiría como hasta ahora.
Sé que mientras hubiera vivido, mi amigo jamás hubiera reclamado la propiedad... pero ahora es su hijo el que lo gestiona todo, y es un hombre sin escrúpulos. 
Hace dos meses me escribió para comunicarme que se había enterado de la apuesta, y que sólo quedaba un año para poder hacerse con la casa....¡hubiera matado a ese maldito de haberlo tenido delante! Pero tiene todas las de ganar Nathan... y yo ya no tengo tiempo.
No permitas que te lo quite todo, hijo mío. Esta propiedad es parte de tu patrimonio... y parte de nuestra familia. Sé que debes tener algún problema con Elisabeth...en tres años de matrimonio, no habeis tenido descendencia... pero debes tener un hijo, Nathan... has de salvar lo nuestro.
Perdón por la herencia que te dejo. Pero confío en que no me defraudarás"

Nathan cerró la carta, mientras sus rasgos se crispaban. Miró a Smith, que se había mantenido en silencio, mientras él leía.
- ¿Porqué no me contó nunca nada?- preguntó con furia.
- Su padre tenía la esperanza de que su esposa le diera un hijo, milord... y con ello, resolver el problema.
- Debió decírmelo... se trataba de mi vida, de mi futuro... del futuro de mi familia.
- Tal vez, su padre no quiso alarmarle innecesariamente. Pero tras la carta del hijo de lord Ashton, la salud de su padre empeoró... y no pudo hacer mucho más que escribirle esa carta, por si moría de repente. Él intentó solucionarlo, milord... pero no consiguió nada.
Nathan cerró los ojos, intentando calmar la furia que lo estaba quemando por dentro. Arrugó la carta entre las manos, y salió de la biblioteca, pegando un portazo.

Volvió a la realidad, y miró el fuego nuevamente, intentando que los recuerdos no lo destrozaran. Pero desde que había leído aquella carta, su vida se había vuelto del revés, y nada, absolutamente nada, había sido como él había imaginado.
- Espero que Gabriel llegue a tiempo...- se dijo para sí mismo.
Gabriel era un pirata desvergonzado, el hijo menor de un lord llegado a menos, que había renunciado a todo y se había embarcado en una goleta, al servicio del gobierno. Era su mejor amigo... alguien que siempre había estado en los mejores momentos de Nathan... y en los peores. Y Nathan lo estimaba... como el hermano que nunca tuvo.
En ese momento, se volvió a abrir la puerta del salón. Marianne se asomó por ella
- Milord...
-¿No le dije que se acostara?- ladró Nathan.
- Milord, acaba de llegar el señor Gabriel... ¿le hago pasar?
Nathan se levantó como un resorte.- ¡ Claro, Marianne! ¡ Sabes que lo estoy esperando!¡Hazle pasar!
- Enseguida, milord
La aya se marchó rápidamente y segundos mas tarde, apareció Gabriel caminando a grandes zancadas
- Vamos, que recibimiento...- se quejó- te he dicho mil veces, amigo, que quiero que me abra la puerta la rubia voluptuosa que te hace la colada... no esa vieja aya que tienes, que siempre me regaña como si tuviera cinco años...
Nathan no pudo evitar sonreír, ante la perorata de su amigo. Siempre lo conseguía... a pesar de lo que pudiera estar pasando, Gabriel nunca perdía su sentido del humor.
- Gabriel... menos mal que has llegado ya...
- No, no me lo digas... ya te estaban saliendo alitas para poder subirte por las paredes con mayor comodidad... ¿no?
- Que gracioso eres... ¿nunca has pensado meterte en bufón y dejar la piratería?- Nathan hizo una mueca
- Corsario, amigo... soy corsario. Vamos a llamar las cosas por su nombre- contestó su amigo, haciéndose el ofendido.
Nathan volvió a sonreír, al borde de la carcajada. Su amigo era único para hacerle olvidar los malos momentos. Pero no podía olvidar porque su amigo estaba allí aquella noche.
- ¿La has conseguido?
- Mmmm... claro- Gabriel hizo un gesto con las manos- un bomboncito con unas curvas... mmmm...¡ para volverse loco!
- ¡Gabriel! ¡Que no estoy para bromas!
- ¿Y quién está bromeando?
- Gabriel...
- Vamos...¡encima que te la consigo guapa!Si lo llego a saber, te consigo una mellada, con mas años que mi madre y santas pascuas...
- Eres imposible...- soltó Nathan poniendo los ojos en blanco
Gabriel se quitó la casaca que llevaba y se sentó frente al fuego. Su rostro, siempre sonriente, se tornó serio.
- Nathan... hablando en serio...¿estás seguro?
Su amigo suspiró.- No tengo más remedio, Gabriel. Sabes lo que me juego.
- Sí, lo sé... pero tú eres incapaz de hacerle daño a una mosca. Y por mucho que te veas obligado, lo que has de hacer con esa chica... no se...
- Será recompensada
- Eso es lo de menos... ¿qué me dices de tí? ¿Y de Elisabeth?
- Ella sabe todo esto... se lo he explicado. Hará pasar el niño como suyo.
- ¿Y tú podrás con tu conciencia, Nathan?
Nathan guardó silencio y le dio la espalda a su amigo. Tras varios segundos, se volvió a girar.
- Me gusta esto menos que a nadie... pero no puedo hacer nada, Gabriel... debo evitar que Ashton se quede con la propiedad.
Gabriel suspiró y se levantó.- Lo sé... ojalá pudiera hacer algo más por ti...
- Ya has hecho bastante...- Nathan también suspiró- ¿ la has traído contigo?
- Está en Londres, en el muelle, en mi barco. Manda a Damon y dame unos días. Tendrás que bajar a Londres, amigo.
- No, Londres es muy peligroso. Llévala a mi propiedad en Caldwell.
- Cómo tú quieras. 
- Está a sólo dos días de Londres. Una vez que acabe... que acabe, la traeré hacia aquí.
- Está bien. Dame un par de días... y luego haz las maletas.
- Está bien.
Gabriel le puso una mano en el hombro, y cogiendo su chaqueta, se dirigió a la puerta y salió. Nathan se dejó caer en el mismo sillón dónde había estado sentado con anterioridad, y se llevó una mano a su pelo oscuro, que revolvió, desesperado, siendo éste el único signo de como se sentía en realidad.


viernes, 1 de mayo de 2009

Capítulo 1

Crewshill, 1718

La nieve se arremolinaba en los altos ventanales, mientras el fuego ardía con fuerza en el interior de la mansión. Hacía mucho frío en aquella época del año, y más en aquellos parajes del norte de Inglaterra, dónde parecía arreciar más el viento, y todo parecía más solitario.
El fuego de la chimenea chisporroteaba, ajeno a todo, mientras el hombre, que estaba sentado junto a él, miraba las llamas de forma imperturbable. Al final, como una señal, cerró los ojos, del color de las esmeraldas mas pulidas.
- ¿Cree que ha sido una buena idea, señor?
Nathan abrió los ojos, y miró a la mujer que le miraba desde la puerta del salón. Aquella mujer le había críado, siempre había estado a su lado... Era más una madre, que su vieja ama... pero incluso, en aquel momento, a Nathan le molestó que se inmiscuyera.
- No tengo más remedio, Marianne... debo hacerlo.
-Pero señor...- empezó la aya.
- Por favor, Marianne... no insistas. Ya es bastante complicado, como para tenerte a tí, recordándome que está mal. Sabes que no me queda más remedio, a no ser que quiera perder la propiedad. No lo hagas más difícil...
La ama se santiguó repetidas veces.- Mi niño... pobre chica... yo no quiero ni pensar en...
- ¡Marianne!- le gritó él sin tan siquiera mirarla, pero consiguiendo que ella pegara un respingo. Rara vez, Nathan levantaba la voz, asi que las veces que lo hacía, demostraba que la persona en sí, a la que había gritado, le había hecho llegar al límite de su paciencia.
- Lo siento, señor.
- Retírate a descansar...- le dijo él bajando el tono de su voz- no necesitaré nada más por esta noche.
- ¿Le digo a Damon que también se retire?- preguntó ella casi en un susurro.
- Sí... no necesitaré nada más de ambos.
Marianne inclinó la cabeza y salió por la puerta del salón, cerrándola tras de sí. Cuando Nathan se supo solo, se llevó las manos a la cara, y se la tapó con ellas. Estaba en una encrucijada de la que no sabía salir... y la solución que la vida le daba, era tan rastrera que le ponía enfermo solo de pensar en ello. Pero sólo tenía diez meses... diez meses y el beneplácito casi irónico de la dulce Elisabeth.
Elisabeth. Pensar en ella, casi hizo que soltara un gemido de protesta. Ella era tan dulce, tan pura, tan maravillosa, que se odiaba a sí mismo por no amarla... por no poder hacer que ella fuera feliz... que le diera un hijo. Pero Elisabeth parecía ser feliz con lo poco que él le daba. Y en ningún momento le había pedido nada más.
Incluso se sentía culpable por no poder darle el hijo que él tanto necesitaba. Un hijo... la solución para todos sus problemas... y el inicio de todos ellos.

Tres días atrás...

- Lord Dawes... el señor Smith le espera en la biblioteca...-le dijo Damon, su ayuda de cámara, con voz solemne.
Acababan de enterrar al conde de Crewshill, su padre, y Nathan estaba completamente destrozado. Todos sabían que no duraría mucho tiempo. Su padre siempre había sido un hombre vigoroso, pero tras la muerte de la condesa, su salud había ido empeorando, hasta dejarse morir, por no tener ganas de seguir viviendo. Y la enfermedad de pulmón que había padecido el último año, no le había ayudado en nada. Nathan pensó que todo se solucionaría si mandaba llamar a los mejores médicos. Pero no había sido así... y su padre había muerto hacía escasamente cuatro horas.
No le sorprendió que Smith, el abogado de la familia, acudiera a tan poco tiempo de que su padre muriera. Sabía, por experiencia, que estas cosas funcionaban así de rápidas... y que no había tiempo que perder para adoptar el título de conde, y asimilar la fortuna de su padre. Pero él no tenía cabeza para nada... y mucho menos para enfrentarse a todas las responsabilidades que había adquirido junto con el título.
- Dígale que ahora mismo voy- le contestó a Damon, quien se apresuró a ir a comunicárselo al abogado.
- Milord... si usted quiere, puedo pedir que le traigan algo de beber...- le dijo Elisabeth, levantándose con él.
- No te preocupes querida... -él la besó en la mejilla- ¿porqué no vas a descansar?Ha sido un día duro... y te ves pálida.
- Sí- afirmó ella- si no le importa, mi señor, iré a recostarme un poco...
- Claro que no...ve. Luego me reúno contigo...
Elisabeth inclinó la cabeza y se alejó hacia la puerta de la sala. Nathan la miró con tristeza y la siguió hacia el exterior. Nunca se sentiría lo suficientemente agradecido por haber encontrado a Elisabeth. Ella era tan dulce y tan cálida como un bebé... aunque a él no le hiciera latir el corazón. Pero los nobles no vivían para amar... sino para cumplir obligaciones. Y Nathan era muy consciente de todo ello.
Se dirigió a su estudio con paso lento, mientras pensaba en todo lo que tenia que hacer... y en lo mucho que iba a echar de menos a su padre. Cuando entró, vio al viejo abogado, y sonrió, mientras se dirigía hacia él para estrecharle la mano.
- Milord...- saludó Smith correspondiéndole al saludo.
- Smith...que sorpresa verle aquí tan pronto...-le dijo Nathan invitándole a sentarse.
Pero el abogado no lo hizo, manteniendose de pie.
- Milord, lo que vengo a decirle, es demasiado importante como para postergarlo.
- ¿Qué ocurre?- Nathan lo miró, súbitamente alerta.
- Hay un problema con la propiedad, milord...
- ¿Un problema?
- Sí milord...- Smith se acercó al escritorio, sacando un sobre de entre los papeles- su padre le dejó esta carta. Aquí lo explica todo.
Nathan cogió la carta con recelo, y dirigiéndose a la ventana, la abrió con lentitud. Al abrirla, en seguida reconoció la letra pulcra de su padre.

¿Qué es esto?

Otra de mis tantas historias. Esta nació de una idea de hacer algo diferente a lo que hacía en aquellos años... y salió lo siguiente. No se si os gustará... pero aquí está, con todo mi cariño.
Es especial... como todo lo que he escrito a lo largo de mi vida. Gracias de antemano por leerlo.