viernes, 1 de mayo de 2009

Capítulo 1

Crewshill, 1718

La nieve se arremolinaba en los altos ventanales, mientras el fuego ardía con fuerza en el interior de la mansión. Hacía mucho frío en aquella época del año, y más en aquellos parajes del norte de Inglaterra, dónde parecía arreciar más el viento, y todo parecía más solitario.
El fuego de la chimenea chisporroteaba, ajeno a todo, mientras el hombre, que estaba sentado junto a él, miraba las llamas de forma imperturbable. Al final, como una señal, cerró los ojos, del color de las esmeraldas mas pulidas.
- ¿Cree que ha sido una buena idea, señor?
Nathan abrió los ojos, y miró a la mujer que le miraba desde la puerta del salón. Aquella mujer le había críado, siempre había estado a su lado... Era más una madre, que su vieja ama... pero incluso, en aquel momento, a Nathan le molestó que se inmiscuyera.
- No tengo más remedio, Marianne... debo hacerlo.
-Pero señor...- empezó la aya.
- Por favor, Marianne... no insistas. Ya es bastante complicado, como para tenerte a tí, recordándome que está mal. Sabes que no me queda más remedio, a no ser que quiera perder la propiedad. No lo hagas más difícil...
La ama se santiguó repetidas veces.- Mi niño... pobre chica... yo no quiero ni pensar en...
- ¡Marianne!- le gritó él sin tan siquiera mirarla, pero consiguiendo que ella pegara un respingo. Rara vez, Nathan levantaba la voz, asi que las veces que lo hacía, demostraba que la persona en sí, a la que había gritado, le había hecho llegar al límite de su paciencia.
- Lo siento, señor.
- Retírate a descansar...- le dijo él bajando el tono de su voz- no necesitaré nada más por esta noche.
- ¿Le digo a Damon que también se retire?- preguntó ella casi en un susurro.
- Sí... no necesitaré nada más de ambos.
Marianne inclinó la cabeza y salió por la puerta del salón, cerrándola tras de sí. Cuando Nathan se supo solo, se llevó las manos a la cara, y se la tapó con ellas. Estaba en una encrucijada de la que no sabía salir... y la solución que la vida le daba, era tan rastrera que le ponía enfermo solo de pensar en ello. Pero sólo tenía diez meses... diez meses y el beneplácito casi irónico de la dulce Elisabeth.
Elisabeth. Pensar en ella, casi hizo que soltara un gemido de protesta. Ella era tan dulce, tan pura, tan maravillosa, que se odiaba a sí mismo por no amarla... por no poder hacer que ella fuera feliz... que le diera un hijo. Pero Elisabeth parecía ser feliz con lo poco que él le daba. Y en ningún momento le había pedido nada más.
Incluso se sentía culpable por no poder darle el hijo que él tanto necesitaba. Un hijo... la solución para todos sus problemas... y el inicio de todos ellos.

Tres días atrás...

- Lord Dawes... el señor Smith le espera en la biblioteca...-le dijo Damon, su ayuda de cámara, con voz solemne.
Acababan de enterrar al conde de Crewshill, su padre, y Nathan estaba completamente destrozado. Todos sabían que no duraría mucho tiempo. Su padre siempre había sido un hombre vigoroso, pero tras la muerte de la condesa, su salud había ido empeorando, hasta dejarse morir, por no tener ganas de seguir viviendo. Y la enfermedad de pulmón que había padecido el último año, no le había ayudado en nada. Nathan pensó que todo se solucionaría si mandaba llamar a los mejores médicos. Pero no había sido así... y su padre había muerto hacía escasamente cuatro horas.
No le sorprendió que Smith, el abogado de la familia, acudiera a tan poco tiempo de que su padre muriera. Sabía, por experiencia, que estas cosas funcionaban así de rápidas... y que no había tiempo que perder para adoptar el título de conde, y asimilar la fortuna de su padre. Pero él no tenía cabeza para nada... y mucho menos para enfrentarse a todas las responsabilidades que había adquirido junto con el título.
- Dígale que ahora mismo voy- le contestó a Damon, quien se apresuró a ir a comunicárselo al abogado.
- Milord... si usted quiere, puedo pedir que le traigan algo de beber...- le dijo Elisabeth, levantándose con él.
- No te preocupes querida... -él la besó en la mejilla- ¿porqué no vas a descansar?Ha sido un día duro... y te ves pálida.
- Sí- afirmó ella- si no le importa, mi señor, iré a recostarme un poco...
- Claro que no...ve. Luego me reúno contigo...
Elisabeth inclinó la cabeza y se alejó hacia la puerta de la sala. Nathan la miró con tristeza y la siguió hacia el exterior. Nunca se sentiría lo suficientemente agradecido por haber encontrado a Elisabeth. Ella era tan dulce y tan cálida como un bebé... aunque a él no le hiciera latir el corazón. Pero los nobles no vivían para amar... sino para cumplir obligaciones. Y Nathan era muy consciente de todo ello.
Se dirigió a su estudio con paso lento, mientras pensaba en todo lo que tenia que hacer... y en lo mucho que iba a echar de menos a su padre. Cuando entró, vio al viejo abogado, y sonrió, mientras se dirigía hacia él para estrecharle la mano.
- Milord...- saludó Smith correspondiéndole al saludo.
- Smith...que sorpresa verle aquí tan pronto...-le dijo Nathan invitándole a sentarse.
Pero el abogado no lo hizo, manteniendose de pie.
- Milord, lo que vengo a decirle, es demasiado importante como para postergarlo.
- ¿Qué ocurre?- Nathan lo miró, súbitamente alerta.
- Hay un problema con la propiedad, milord...
- ¿Un problema?
- Sí milord...- Smith se acercó al escritorio, sacando un sobre de entre los papeles- su padre le dejó esta carta. Aquí lo explica todo.
Nathan cogió la carta con recelo, y dirigiéndose a la ventana, la abrió con lentitud. Al abrirla, en seguida reconoció la letra pulcra de su padre.

1 comentario:

  1. pues ahora sí, leído el primer capi... ¿te he dicho alguna vez cuánto me gustan las películas de época? Sobretodo si están rodadas en y por Europeos, ingleses para más señas, que ambientas como nadie este tipo de historias... Y mientras leída, me iba imaginando la situación como si de una peli se tratara, me ha encantado el principio, y ya me has enganchado... Desde luego, quiero continuar leyendo, y aser posible... ¡¡¡¡ya mismo!!!!! jajajajajaj
    sabes que es broma, que a tu ritmo, como siempre, y yo a comerme las uñas... No debería heberlo empezado, no señor...
    besitos....

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